A principios de la década de 1940, prácticamente había pasado la época de nacimiento de los establecimientos de hospedaje, la nostálgica y brillante era de Don Lucas de Palacio, quien consolida el sueño de los prestadores de servicios al crear en 1922 la Asociación de Administradores y Propietarios de Hoteles, que fue el primer paso para su unificación, antecedente de la fundación de la Asociación a la que hoy pertenecemos orgullosamente.
En esos años, ya como Presidente de la Nación el General Manuel Ávila Camacho, siendo su Secretario de Gobernación el constructor del turismo de México, el visionario Don Miguel Alemán Valdés, se inicia la construcción de hoteles, restaurantes, bares, agencias de viajes; también se fomenta la actividad de guía de turistas, además empiezan a operar los primeros transportes turísticos; desafortunadamente no se contaba con un plan maestro en aquellos inicios, lo que originó los problemas derivados de la falta de una planeación integral, ello se debió a la celeridad con que se incrementaban en forma anual las corrientes turísticas.
Por ello aparecieron los congestionamientos técnicos que actualmente padecemos, como la falta de centros agropecuarios en la cercanías de los puntos de interés, viviendas en zonas urbanas próximas a lugares de atracción y la aparición de los cinturones de miseria, como el caso específico de los puertos de Acapulco y Veracruz, por señalar los más representativos de la época.
Como consecuencia de la segunda conflagración mundial, en la que México declara la guerra a las potencias del eje, el turismo de internación desciende y se estanca al arribar menos de 100 mil viajeros de otros países, pero una vez que se restablece la paz, la actividad se vigoriza y resurge para ascender tan solo en el primer semestre de 1946 a una cifra récord de 250,000 turistas del exterior; ya destacaba el flujo de estadounidenses, toda vez que 52% de esa cifra procedía del vecino del norte.
Es así, que previendo esa circunstancia por la que atravesaría la nación en la materia de lo que se popularizaría más adelante como el fenómeno turismo, un destacado grupo de ilustres empresarios acudieron una mañana cálida, de cielo despejado del 3 de Septiembre de 1941, ante el Notario Público número 37, Lic. Guillermo Haro y Cueto, los hoteleros Antonio Ruiz Galindo y Luis Osio y Torres Rivas, para protocolizar el Acta de la Asamblea General Ordinaria y proyecto de estatutos de la que en sus inicios fue llamada la Asociación Mexicana de Hoteles, cuyas primeras oficinas estuvieron localizadas en las calles de Bolívar número 25 Despacho 109, ahí en ese cómodo y elegante despacho se reunieron los distinguidos precursores, hombres visionarios que merecerán siempre el respeto y admiración de todos los hoteleros que hoy en día, hemos recibido esa noble estafeta, la de seguir representando y defendiendo dignamente los intereses de nuestro apreciado gremio.
Siguiendo con los antecedentes, es oportuno comentar algunos puntos relevantes así como quienes asistieron a la reunión convocada en las oficinas a que hago referencia, durante la Primera Junta de Trabajo previa a su protocolización. Estuvieron presentes con traje oscuro, de corte fino y con sus inseparables sombreros propios de la época, un hombre siempre exitoso, Don Antonio Ruiz Galindo, representando el Hotel de su mismo apellido localizado en Fortín de las Flores, Veracruz.
El siempre pensativo Don Luis Osio y Torres Rivas del Hotel Guardiola de la Ciudad de México, Don Mario Araiza, siempre agudo en sus comentarios, del Hotel de la Borda en Taxco, Guerrero y también del Posada de Don Vasco en Pátzcuaro, Michoacán; sin olvidar al talentoso Don Pedro Gorozpe del Hotel Ritz de la Ciudad capital; del Fénix de Guadalajara y el Taxqueño de Taxco, Guerrero.
Magdalena Beguerisse, dama brillante siempre impecablemente vestida del Villa Internacional del D.F.
Don Oscar Schwob, gran conocedor del producto de la vid, representando el Carlton de la Ciudad de México, y el Virrey de Mendoza de Morelia, y desde luego Don Lucas de Palacio, considerado el padre de la hotelería mexicana, por parte del Majestic del D.F.; Ancira de Monterrey y Virreinal de Guadalajara.
Todos ellos en un acto solemne declararon formalmente constituida la I. Asamblea, dando paso a la designación del Consejo Directivo Fundador, que guiará en un principio los destinos de lo que hoy es la vigorosa, representativa, e importante Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles, A.C. De esta forma, permítaseme con todo respeto, mencionar los nombres y puestos que ocuparon los grandes pioneros que marcaron un hito en la Hotelería organizada del país:
Presidente Antonio Ruiz Galindo
Vicepresidente Mariano L. Araiza
Tesorero Pedro Gorozpe
Secretario Luis Osio y Torres Rivas
1er. Vocal Salvador Mariscal
2do. Vocal Antonio Pérez O.
Como Consejero Suplentes quedaron designados los siguientes colegas:
Carlos Bernard, Magdalena Beguerisse, George Braniff Jr., Mari Rivas Mercado, Manuel C. Meza y James G. Shirley.
Finalmente, la Comisión de Vigilancia fue presidida por el señor Antonio Elorriaga, siempre pensativo y cauteloso. Nombres, reitero, de grandes hoteleros empresarios mexicanos que quedarán por siempre grabados en letras de oro y recortados en los anales de la historia de esta importante Asociación y del Turismo de México.
Los objetivos de esta vigorosa agrupación y que no han variado desde entonces, han sido entre los más importantes, los de agrupar hoteles, asociaciones locales y establecimientos de hospedaje en general, que estén manejados sobre una base estricta de moralidad, que constituyen una verdadera garantía para los huéspedes, estrechando las relaciones entre sus socios a fin de obtener el mayor éxito posible en el ramo. Asimismo, se canalizaron a fomentar intensamente la educación técnica y superior del personal de los establecimientos de hospedaje, proponiendo en 1947 la creación de la Escuela Hotelera y Gastronomía, fundada en 1953, lo que hoy día es la Escuela Mexicana de Turismo, de la que me honro por cierto de haber sido egresado.
Es importante destacar también la permanente cooperación en pro del fomento del turismo nacional y extranjero, para ello se estrechan permanentemente las relaciones con organizaciones hoteleras y de turismo del mundo entero.
También ha servido ante las organizaciones oficiales como una agrupación consultora en materia de hospedaje.
La cuota inicial que se fijó en aquel entonces a los socios activos era de 5 pesos cuya aportación debía hacerse en forma anual.
Por lo que concierne a los derechos de registro de la propiedad, se pagaron $11.50, y por el concepto de la protocolización del acta constitutiva, la cantidad de $13.20.
Años más tarde, en 1960, las oficinas se trasladan de Bolívar a Avenida Juárez, esquina con Humboldt, donde hoy se ubica el Banco Bital. Posteriormente en 1979 se adquieren como bodega en primera instancia, las localizadas en Balderas No. 33 Desp. 414, en tiempos de Don Gerardo M. López. Por 8 años se trasladan a las calles de Hamburgo No. 18, donde un juicio de desalojo es ganado por los arrendadores, sacando vilmente a nuestros colegas, perdiéndose gran parte de sus archivos y sobre todo el enorme acervo histórico con que se contaba.
Por lo anterior a inicios del período de Don Julio Berdegue Aznar 1988, se ubican temporalmente durante 9 meses en sus oficinas de Hotel Cid, localizadas en el edificio del Cine Diana, entre Mississippi y Reforma.
Finalmente en 1989 retornan al viejo almacén de Balderas, para ser remodelado, lugar donde hoy día atendemos gustosos a todo hotelero que requiere de nuestros servicios.
Poco tiempo después, se agudiza la incertidumbre reflejando una época difícil, crítica, álgida donde la discordia, desunión, discrepancia, y sobre todo el protagonismo se acentúan y hacen presa inevitable a la respetada asociación.
Como resultado de los anterior, la Mexicana de Hoteles y Moteles se cimbró, reflejándose en una escasa, pero siempre fiel membresía que no superaba a fines de 1993 los 490 socios activos, quedando consecuentemente las arcas vacías, alcanzando inclusive un déficit superior a los 500 millones de viejos pesos.
Por fortuna el temporal y la racha poco favorable, no fue obstáculo para todos los hoteleros que siempre confiamos en nuestra máxima institución. En 1994 es designado en forma interina el décimo cuarto presidente del Consejo directivo un joven, exitoso y versátil empresario hotelero, Alfredo Tinajero Fontán, quien toma las riendas para reestructurar financiera, administrativa y estructuralmente la Asociación, truncando así el sueño de los detractores que auguraban su liquidación estatutaria. Cuatro años de ardua y creativa labor, dedicando tiempo, dinero y un enorme esfuerzo bajo el lema "Por la Unidad Hotelera", convocó, exhortó, invitó, negoció y propició una nueva era de unidad, concordia y amistad entre todos los hoteleros del país. en noviembre de 1997 en el marco de la LVI Asamblea Nacional en la Ciudad de León, Guanajuato, fue electo por unanimidad Félix Romano Rahmane como el XV Presidente de esta Asociación; este joven dinámico y profesional de la hotelería, contribuyó enormemente durante la administración de Tinajero al rescate institucional de nuestra agrupación, sumándose todos sus méritos y aportaciones.
En enero del 2001, por acuerdo de la Asamblea General Ordinaria, asume la presidencia el Lic. Miguel Torruco Marqués, dando continuidad a los trabajos emprendidos por sus dos antecesores, consolidando así un prolífico trabajo de 4 años al lograr incrementar de 60 a 101asociaciones filiales de todo el país.
El 28 de noviembre del 2005 en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, el Lic. Jesús Nader Marcos, se convierte en el XVI Presidente Nacional de la asociación más prestigiada y antigua de turismo de América Latina.
Como dice el viejo adagio “Lo que se construye con sólidos cimientos, perdura a través de los siglos”. En otras palabras, lo que concibió Don Lucas de Palacio en 1922, que fundó Don Antonio Ruiz Galindo en 1941, hoy Jesús Nader tiene el alto honor de presidir una institución sólida,fuerte y vigorosa, sobre todo representativa, La Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles.